Creo que más que un claro ganador con un mayor guiño a la derecha como mantienen todos los medios de comunicación, estas elecciones para renovar el Parlamento Europeo han tenido un único perdedor – el proyecto denominado Unión Europea.
El permanente descenso de participación de los europeos en las elecciones que ha llegado a sus peores niveles en las últimas dos elecciones es síntoma de la escasa credibilidad que tienen los políticos en los respectivos Estados Miembros, y su incapacidad de convencer al electorado a involucrarse en la Europa de los 27.
La voluntad para mantener la paz en el continente llevó a un entendimiento entre cristiano-demócratas y social demócratas europeos de Francia y Alemania, agregándose Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo e Italia para formar el núcleo fundador de los seis estados iníciales. Desde la primera Asamblea presidida por el belga Paul-Henri Spaak en 1952, el Parlamento ha ido transformándose a lo que es hoy, un órgano elegido por la ciudadanía europea.
La elecciones de 2009 han dejado una nueva composición con una presencia mayoritariamente conservadora aunque no necesariamente consolidada en un único grupo en el PPE. Los conservadores británicos se escinden de dicho grupo para formar con checos, polacos y otros eurodiputados un grupo conservador propio de corte euroescéptico. Esta es la primera lectura relevante que debe tenerse en cuenta para las votaciones de los próximos 5 años. Por lo tanto, los resultados del Reino Unido con el debacle de los Laboristas de Gordon Brown han permitido una consolidación del euro-escepticismo de los Tories de David Cameron, el fortalecimiento de Los Verdes y la introducción de un diputado xenófobo en Estrasburgo.
Manteniéndonos al otro lado del Canal de la Mancha, la indefinición irlandesa con un gobierno conservador en declive y una creciente presión para que ratifiquen el Tratado de Lisboa, tiene fecha de caducidad en diciembre, 2009. Sin tal ratificación, tocaría renegociar bajo presidencia española para alcanzar un nuevo acuerdo aceptable para los 27. Podría ser el comienzo del desmembramiento de la Unión con la salida de algunos escépticos encabezados por el Reino Unido con un nuevo primer ministro conservador.
El fracaso de los social-demócratas ha ido paralelo a la caída de participación por debajo del 50% de los votantes. A pesar de que hasta los conservadores hayan reconocido como causas de la crisis mundial la desregulación excesiva de las políticas más liberales en el proceso de globalización, han sido los gobiernos social-demócratas los que han soportado más el castigo, saliendo elegidos menos eurodiputados del PSE en los Estados Miembros. Evidentemente, este grupo no ha sabido comunicar su mensaje de protección de lo social al estilo de los estados nórdicos de bienestar como Suecia y Dinamarca.
Como contrapunto, el creciente grupo de Los Verdes en el Parlamento Europeo compensa ese aparente vuelco hacia la derecha, que alcanza el 7% de hemiciclo. Los Verdes pretenden poner trabas a todo lo que no sea desarrollo sostenible y lucha contra el cambio climático. Sin embargo, ello sigue siendo inferior al 11% de los liberales que seguirán disponibles para pactar con aquel grupo que acceda a sus demandas aperturistas hacia el libre comercio poco regularizado.
No hay que perder de vista un 20% del hemiciclo que adoptará posturas radicales en defensa de intereses netamente partidistas, regionales o de defensa de la xenofobia o posturas de ultra-derecha o izquierda radical. Aún cuando los pactos entre los principales grupos – PPE, PSE y ALDE – permitirán imponer criterios menos radicales, lo que es cierto es que este nuevo parlamento va a tener sesiones complicadas para aprobar algunas propuestas que dividan a grandes bloques.
Durao Barroso acaba de postularse oficialmente como candidato por parte del PPE. Su grupo tiene suficientes votos si se suman los liberales y se añaden los compromisos de socialistas como el portugués Sócrates o el propio Rodríguez Zapatero, apoyo este último algo precipitado y diría improcedente justo antes de las elecciones. En mi opinión, como conocedor de los entresijos de los pasillos de poder en Bruselas, Durao Barroso es un peso pluma entre los políticos europeos que carece de poder de convocatoria para momentos delicados de una Unión que podría desquebrajarse por falta de liderazgo. Si encima Irlanda no diera el paso a ratificar el Tratado de Lisboa, que el presidente de turno de la UE y Presidente de la República Checa, Václav Havel, pudiera aprovechar para no firmar la ratificación del parlamento checo, la Comisión Europea necesitaría de un presidente mucho más potente que Durao Barroso.
En todo ese baile, España se encontraría en el ojo del huracán, ocupando la presidencia de turno en el primer semestre del 2010, probablemente sin poder recuperar los 4 diputados en virtud del Tratado de Lisboa. Al mismo tiempo, tendrá en ese semestre que implementar la política anti-crisis que se acuerde en este segundo semestre del 2009 bajo presidencia sueca. Suecia, España y Bélgica ya intentan coordinarse para enmendar el desaguisado de la presidencia checa, aunque todo esfuerzo de los presidentes de turno no dará fruto si no hay un ejecutivo fuerte en la Comisión y un pacto de estado en el Parlamento. No hay que olvidar que Alemania tendrá elecciones en otoño, con una probable ruptura de la “gran coalición” entre CDU y SPD, para pasar a una unión del partido de Ángela Merkel con los liberales.
¿Seguirá la Merkel en su línea intervencionista con un nuevo socio opuesto a la regulación estatal? ¿En qué medida enturbiará ese nuevo orden aún más las correctas relaciones germanas con Nicholas Sarkozy? Finalmente, ¿cuándo caerá Gordon Brown, dando paso a los escépticos Tories de David Cameron y qué efecto tendrá en las relaciones con los otros socios principales de la Unión?
El Tratado de Lisboa está en entredicho, peor aún, la supervivencia de la Unión Europea en su actual composición con 27 Estados Miembros está en peligro. Es lo que solamente 4 de cada 10 europeos con derecho de voto hemos decidido en nombre de 500 M de ciudadanos de la Unión.
Tenemos lo que hemos querido, con nuestra apatía, indiferencia o escasa participación. Después no digamos que tenemos un gobierno europeo mediocre o indeseable. Es lo que hemos permitido y lo que nuestra actuación nos hace merecedores.
Fernando Fuster-Fabra Fdz.
Ciudadano de la Unión Europea
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